Comentarios a unos "comentarios" sobre el modelo fuerte.

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Autor(es): José Iglesias FernándezTipo: Artículo
Fecha: 01-12-2004Tema: Renta Básica de los iguales

Comentarios a unos "comentarios" sobre el modelo fuerte (hechos por Daniel Lacalle). Cuadernos Renta Básica, nº 6, diciembre del 2004


El genio exorable se levanta a su esfera sin [necesidad de] valerse de mi sangre o mi sudor, y me deja todavía su corazón en prenda. Manuel Azaña.
Comentarios previos
Primero. Es poco habitual encontrar un artículo escrito a la par sobre un mismo tema por dos autores que disienten entre ellos. Sin embargo, alguna vez tenía que ocurrir. En este trabajo voy a hacer la prueba, de forma que muy bien podría titularlo: Discrepancias sobre el modelo fuerte de Renta Básica y su correspondiente réplica, por Daniel Lacalle (autor de las discrepancias) y José Iglesias Fernández (autor de la réplica). Por utilizar un símil, podría decir que este ensayo está estructurado casi lo mismo que si fuese una sonata para piano, pero compuesta para ser tocada a cuatro manos. Esto quiere decir que reproduzco aquí en su totalidad los comentarios que hace Daniel Lacalle al modelo fuerte de RB que propongo, pero lo reproduzco de forma fraccionada, de manera que yo pueda ir introduciendo aquellas réplicas que considero más oportunas a alguna de las críticas que contienen los comentarios.
Segundo. Debo manifestar desde el principio que Daniel Lacalle deja bien claro que “el objeto de [su] ponencia es realizar una serie de comentarios críticos a la propuesta de renta básica universal (a partir de aquí RB), muy particularmente a la denominada versión “fuerte” de RB tal y como ha sido definida y defendida por José Iglesias Fernández”.[1] Ahora bien, cuando comienza a desarrollar sus objeciones, me cuesta distinguir cuando Daniel Lacalle está en contra de la RB en su definición general, o cuando de los que desarrollan una lectura convencional de la misma, o cuando del modelo fuerte y mi lectura crítica de la RB. Porque una cosa es el concepto, otra las justificaciones, otra los modelos, y otra los autores que escribimos sobre la RB; sin embargo aquí todo se mezcla en un desorden generalizado.
Tercero. Más desconcertante es comprobar que la mayoría de los comentarios, o las opiniones u observaciones que se hace / me hace Daniel Lacalle sobre el modelo fuerte de RB ya están respondidas de diversas maneras y en diversos documentos que él mismo incluye en la bibliografía de su articulo. Por tanto, quiero dejar subrayado desde el principio que dejaré sin respuesta aquello que ya está escrito. Además, me estoy preguntando, ¿qué sentido tiene repetir lo que me pregunta, o que vuelva a argumentar sobre opiniones que ya están ampliamente debatidas? Llego a la conclusión de que, si no ha querido leer antes lo que ya está muy matizado, ¿qué seguridad hay ahora de que se tome la molestia de leerlos, de pensarlos y de que yo aporte argumentos nuevos para que le obliguen a reflexionar sobre el tema? [2]
Cuarto. Como decía, me estimularía bastante más debatir los comentarios al modelo fuerte que hace Daniel Lacalle, si estos siguieran algún tipo de articulación, de lógica expositiva. Al no ser así, pienso que alguna manera de dar satisfacción al autor que se toma la molestia de leerme, sería seleccionar algunas afirmaciones y mal interpretados que, a mi buen entender, encuentro equivocados. También indicaré los párrafos que dejaré sin contestar por contener temas o aspectos a los que ya doy una respuesta bastante extensa en mi próximo trabajo Las rentas básicas del siglo XXI, de inmediata publicación en Virus editorial. Espero que se entienda que no quiero eludir el envite, sino que es muy fatigante estar repitiéndose continuamente.
Comentarios a los comentarios, o réplica a las discrepancias…
 Daniel Lacalle (DL).El objeto de esta ponencia es realizar una serie de comentarios críticos a la propuesta de renta básica universal (a partir de aquí RB), muy particularmente a la denominada versión “fuerte” de RB tal y como ha sido definida y defendida por José Iglesias Fernández, versión que posee, según su propia definición, las siguientes características:
[Es una] renta monetaria; asignada individual, de forma universal sin excepciones; asignada incondicionalmente, sin contraprestaciones; independiente de cualquier otra renta percibida por el individuo, y equivalente al umbral de la pobreza. (1) A esto se añade el que la RB absorbería todas las demás prestaciones y subsidios.
Como cuestión previa, no es mi intención entrar a discutir en profundidad si la implantación de una RB de las características expuestas supone el sentar las bases de “la vía capitalista al comunismo” (difícil de discutir, por otro lado, cuando, generalmente, ni siquiera suele definirse qué se entiende por capitalismo y, sobre todo, qué se entiende por comunismo) porque, se quiera o no, supondría detenerse en dos temas básicos que, paradójicamente, suelen quedar fuera de los interés en las exposiciones y discusiones sobre RB: el poder y muy específicamente el poder político, y la propiedad, y muy específicamente la propiedad de los medios de producción. Esto quiere decir que el enfoque dado a esta ponencia está en considerar a la RB como una propuesta de cobertura de los derechos ciudadanos a la protección social, aún reconociendo que esa consideración está en las antípodas de los deseos de los patrocinadores.[3] De todos modos, sí me gustaría adelantar una serie de interrogantes en torno a la RB dentro de ese contexto que podríamos denominar “filosófico”.
José Iglesias Fernández (JIF). “Una vía al capitalismo es una expresión de Van der Veen y de Van Parijs”, no mía. En cualquier caso, ¿que pinta aquí? Si la utiliza como coletilla para afirmar que no se discute la naturaleza del capitalismo ni del socialismo en la RB, está equivocado. Miles de trabajos sobre la RB están cuestionando la validez del capitalismo en su forma distributiva de bienes y servicios. Además, precisamente, en ese artículo que lleva ese nombre tan provocativo, el objetivo de los autores es cuestionar la necesidad de pasar por el socialismo como fase intermedia entre capitalismo y comunismo. Similarmente, ¿que hay de malo en proponer la RB como una propuesta de cobertura de los derechos ciudadanos a la protección social? Lo que si hay mala fe es el afirmar que esta voluntad está en las antípodas de los deseos de los patrocinadores.
Añadir otro matiz más sobre que lo que dice de que ni siquiera suele definirse qué se entiende por capitalismo. No es justo afirmar que el capitalismo no se discute ampliamente en los trabajos sobre la RB; es el marco de permanente referencia. Además, todo el mundo que nos acercamos a estos temas estamos familiarizados con él, no veo la necesidad de explicar cada vez todo sobre todo. Interpretar que es y como funciona el capitalismo fue la obsesión y la gran aportación de K. Marx. Más recientemente, disponemos de excelentes trabajos que actualizan las lógicas de acumulación del capitalismo, sus dinámicas, etc.: M. Aglieta, G. Arrighi, R. Brenner, M. Etxezarreta, R. Fernández Durán, P. Gowan, D. Harvey, T. Negri, I. Wallerstein, por citar algunos autores actuales.[4]
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DL.Por un lado, parece evidente que una RB desvinculada del trabajo que cada ciudadano aporta a la sociedad y llevada a sus extremos, es decir, no solamente como complemento sobre otras rentas, si es que existen, sino superando un determinado umbral, sea o no el de la pobreza, y cubriendo la mayoría o todas las necesidades de los ciudadanos, permitiría liquidar la relación salarial, base de la dominación y la explotación, lo cual es, quizás, una de las características básicas de la organización comunista de la sociedad; a su vez, una RB llevada a sus extremos supondría la inexistencia de desigualdades en función de la renta, a la vez que, de nuevo en el límite, supondría la desaparición de otros tipos de rentas.
De todos modos, esta situación de llevar al límite la propuesta de RB, de modo que desaparezca la relación salarial, las desigualdades en función de la renta e incluso las propias rentas, no aparece contemplada en los desarrollos de los teóricos de la RB, (2) en función de las características básicas por ellos planteadas y de la aplicación que hacen de las mismas. Estaríamos, si llegásemos a esa situación límite y dentro del esquema teórico propuesto, en una sociedad sin dominación, sin explotación y sin desigualdades en función de las posibilidades de disfrute de los bienes y servicios producidos (que en la propuesta de RB siempre lo es de forma sustancial a través de la renta monetaria).
JIF. Si, mediante la RB, llegásemos a esa situación límite,… a una sociedad sin dominación, sin explotación y sin desigualdades en función de las posibilidades de disfrute de los bienes y servicios producidos, ¿qué hay de malo en ello? ¿No es esta la utopía más deseada por toda la izquierda? Quizás sea que DL sólo aspire a que la sociedad capitalista exprese ‘un rostro humano’ con las poblaciones.
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DL.Pero, por otro lado, la RB de las características expuestas supone la exacerbación del individualismo, dado que en ningún momento se plantea como elemento de cohesión y cobertura colectiva, sino que es vista desde una perspectiva estrictamente individual, y como la sublimación de la relación monetaria (de acuerdo con las primeras características expuestas en el apartado introductorio). Individualismo y monetarismo, por llamarlo de alguna forma, que se encuentran en las antípodas de cualquier definición de lo que debe ser el comunismo. Esta propuesta de RB en sentido fuerte es, se mire como se mire, insolidaria, o si se prefiere, y por ser más exacto, no solidaria; algo que, de nuevo, no tiene nada que ver con cualquier noción elemental de comunismo.
JIF. Afirmar que el modelo fuerte de RB es insolidario, individualista, antípoda del comunismo, etc., es sorprendente y desconcertante, casi me atrevería a decir que DL no ha entendido nada de lo que intento comunicar. El modelo fuerte de RB, lo hemos repetido muchísimas veces y lo hemos demostrado otras tantas, es sólo un derecho burgués que proponemos a los colectivos anticapitalistas para que lo utilicen como instrumento de lucha contra el capitalismo. Puedo equivocarme y la RB no ser un instrumento idóneo para la lucha, y si es así lo abandono y no pasa nada. Cuando la RB la disfrute un individuo, es un mecanismo de redistribución de la renta a nivel individual, que al ciudadano le dará sus grados de libertad, y que será él quien decida que hacer con ella; cuando la utilice un colectivo, entonces se convierte en un instrumento común. El comunismo es un modelo de sociedad; la RB fuerte es un instrumento contra otro modelo de sociedad, el capitalismo. Daniel Lacalle está, o quiere confundir, instrumentos de lucha con formas sociales de organización.
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DL.Además, esta no solidaridad en el conjunto de la sociedad aparece claramente cuando se plantea que la RB absorbería y anularía todo tipo de subsidios y prestaciones actuales, a excepción de dos básicos, las rentas salariales y las rentas del capital y por otro lado en los estudios más detallados de financiación posible, la reforma del sistema impositivo a uno más progresista y la eliminación de las bolsas de evasión fiscal siempre aparecen en último lugar.(3) De hecho, y por dar un ejemplo comparativo con otra propuesta hecha desde la izquierda con la pretensión de transformación social, estoy completamente de acuerdo con Jorge Riechmann en que “en cualquier caso es más sana, y moral políticamente” la estrategia clásica del movimiento obrero tradicional de reducción general del tiempo de trabajo. (4)
JIF. Los diferentes conceptos que aparecen en este párrafo, por ejemplo, refundición de la mayoría de las prestaciones sociales en la RB, financiación, evasión fiscal, etc., los tengo tratados con profundidad y rigor. La cita que hace de Jorge Riechmann, dicha así, no deja de ser una banalidad, que además destruye el tono argumental que pretendía este autor. Para la respuesta a las objeciones, por lo menos articuladas, que hace JR en su artículo “Sobre trabajar, comer, holgar y liberarse: el debate acerca del subsidio universal incondicional”, Mientras tanto, nº 63, 1996, véase mi trabajo La Renta Básica según San Pablo. Libros de la catarata. Madrid 1998.
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DL.En todo caso, surge el problema de quienes, en las condiciones descritas, producirían los bienes y servicios necesarios para la sociedad, y también por supuesto, cuales serían los motivos que tendrían para hacerlo. Esto lleva directamente al planteamiento clásico de la “revolución cultural”, y el más complejo y matizado de la “hegemonía” en el sentido gramsciano, que el comunismo implica, revolución cultural que tendría que ser mucho más radical y urgente en el caso aquí comentado que en las propuestas del marxismo tradicional, y que, salvo en contadísimas ocasiones, no suele estar ni tan siquiera esbozada en las propuestas de RB, las cuales se encuentran, por lo general, dentro del marco del “individualismo posesivo”.
Parodiando a los clásicos fundadores del marxismo, en el esquema de RB al que me estoy refiriendo, el comunismo no vendría definido por el slogan clásico “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”, un slogan redistributivo, solidario, verdaderamente igualitario, por lo tanto, a partir de actuaciones sociales y colectivas, sino por otro que sería (en mi opinión) “de cada cual según su voluntad, a cada cual la misma cantidad”, redistributivo pero falsamente igualitario, insolidario y furibundamente individualista.
JIF.Lo que DL afirma en este párrafo es muy fuerte como para dejarlo sin contestación. Así que me decido a incluir un apartado de mi próxima publicación, Las rentas básicas del siglo XXI, el cual viene a ampliar bastante algunas partes del capítulo 3 del libro Las rentas básicas: el modelo fuerte de implantación territorial. El Viejo Topo, Barcelona 2003:
En el libro advierto “que el gasto en educación y sanidad no debe ser afectado por la implantación de la RB. Por el contrario, sería deseable que aumentaran a cargo de la parte colectiva del Fondo de la Renta Básica” (p. 126). Como esta expresión no parece estar suficientemente clara, amplio la respuesta:
  • Primero. El Fondo de Renta Básica (FRB) está dividido en dos secciones que responden a un criterio comunista:[5]
                    Sección 1. De cada cual, según sus capacidades; financiación de la RB
                    Sección 2. A cada cual, según sus necesidades
; redistribución de la RB.
  •  Segundo. En la Sección 1 del FRB es dónde hay que aplicar la progresividad fiscal. En el Cuadro 1 se comprueba como todos los recursos que componen la financiación del FRB provienen mayormente del sistema fiscal, tanto en la forma de tributos (ingresos públicos) como en el del disfrute de los bienes y servicios colectivos (gasto público).
Grupos A y C. En primera instancia, la progresividad hay que aplicarla a los impuestos directos (sobre los ingresos: IRPF, Sociedades, Patrimonio y herencia, etc.); aquello de que quien más tiene ha de contribuir más que proporcionalmente al Fondo. Los nuevos impuestos han de estar caracterizados también por tipos progresivos.
Grupo B. Asimismo se puede reducir el impacto de la regresividad en los impuestos indirectos (sobre el consumo: IVA, etc.); nada impide acentuar el sistema diferenciado de tipos de impuestos que penalicen todavía más fuertemente aquellos bienes y servicios suntuarios que los de primera necesidad. Hacer que el impuesto al consumo tenga un carácter distributivo.
Grupo D. También en el lado del gasto público se puede acentuar la progresividad con el dicho de más mantequilla y menos cañones; más gasto social y menos gasto en armas, etc. El gasto público viene caracterizado por la defensa de lo comunitario, por la aplicación de la filosofía distributiva contra la filosofía meritocrática, que pone el acento en el mérito personal o la contribución individual.
  • Tercero. En la Sección 2 aparece la redistribución de las rentas ingresadas en el FRB. De este Fondo, una parte se distribuirá a cada ciudadano/a individualmente, “en mano”, mientras que la segunda será utilizada para ampliar aquellas cantidades que el Estado ya está dedicando a la oferta de bienes públicos y financiada también con impuestos. Y “¿por qué esta participación no es regresiva ni proporcional a los ingresos?”.[6] Por otra simple razón: aquí la progresividad del gasto público viene caracterizada por la defensa de lo comunitario contra lo individual, por la aplicación de la filosofía distributiva, y no por la que defiende el uso de los bienes públicos en función del mérito personal o la contribución individual; esta última proclama que si tu usas un bien común lo pagas o, si no puedes pagarlo, no lo usas. Repito, no todos los contribuyentes tienen porque utilizar por un igual los bienes públicos: por ejemplo, muy pocos jóvenes de las familias obreras llegan a la universidad, sin embargo sus padres contribuyen a financiarla; no todos los contribuyentes tienen coche, sin embargo contribuyen a financiar las autovías y las carreteras; no todas las personas tienen el mismo índice de morbilidad, sin embargo todos contribuimos a financiar la salud pública; no todos los contribuyentes salimos a pasear por la noche, pero contribuimos a pagar el alumbrado público; etc. Es obvio que el uso de los bienes públicos no es totalmente homogéneo ni igualitario, pero no se puede decir que este desigual acceso es regresivo, sino solidario. Es decir, si lo fuese, su regresividad estaría justificada por el uso y la disponibilidad común de estos servicios, y que muchas personas no podrían utilizar si tuvieran que adquirirlas en el mercado de forma individualizada; si se quiere, podríamos hablar de una regresividad solidaria. Por tanto, no creo que tenga razón quien me critica por este aspecto, y que se verá obligado a cambiar de opinión a nada que lo piense, porque tampoco creo que esté por la defensa de que se elimine lo publico; después de todo, en cualquier modelo que se proponga, la RB es, en sí misma, un bien público; todos recibimos la misma cantidad, pero no todos contribuimos lo mismo.
  • Cuarto. Me plantean también “¿por qué no aumentar las correspondientes partidas presupuestarias para la salud o la educación?”. Por la simple razón de no continuar con el sistema viejo de que las prioridades las decide el Estado, o previamente los partidos en sus programas electorales. Por algún lado hay que romper este comportamiento, y este puede ser uno de ellos (no el único). “Tan sólo si el hombre logra dominar la sociedad y subordinar el mecanismo económico a los propósitos de la felicidad humana, si llega a participar activamente en el proceso social, podrá superar aquello que hoy lo arrastra hacia la desesperación: su soledad y su sentimiento de impotencia. Actualmente el hombre no sufre tanto por la pobreza como por el hecho de haberse vuelto un engranaje dentro de una máquina inmensa, de haberse transformado en un autómata, de haber vaciado su vida y haberle hecho perder todo su sentido”.[7]
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DL. Siguiendo con los planteamientos globales, hoy en día parece existir un consenso, dentro de lo que podríamos denominar la izquierda, y más claramente en lo que se da en llamar izquierda transformadora, de que se debe plantear, y luchar por conseguir, una organización de la sociedad que sea más justa, más igualitaria y equitativa, más solidaria y más participativa que aquella en la que actualmente vivimos, en donde el contenido del “más”, su magnitud, marca una posibilidad de gradualismo, a la vez que podría permitir una delimitación de los puntos de no retorno para el conjunto de la sociedad, por un lado, y los puntos de no admisión (y los niveles de resistencia) para las clases dominantes, por el otro, es decir, los puntos de ruptura con el sistema actual.
Desde esta perspectiva habría que analizar si realmente un sistema de RB “fuerte” disminuye las injusticias, incrementa la igualdad y propicia la solidaridad y la participación. (Por dar un ejemplo, considerando el índice de Ghini no había ninguna duda de que las sociedades que dieron en denominarse de “socialismo real” eran más igualitarias que las de capitalismo avanzado, del mismo modo que no la había en que, considerando indicadores básicos de democracia representativa tales como los partidos políticos, eran menos participativas, y considerando el predominio del partido único y las diferencias que se marcaban entre los ciudadanos en el acceso a todo tipo de bienes y servicios según su posición en la jerarquía política y social, está claro que eran básicamente injustas).
Me detendré un momento en esta cuestión específica, la evolución de la justicia, igualdad, solidaridad y participación en una sociedad antes y después de la aplicación de la RB. Si se considera la distribución de la renta, en términos absolutos, no porcentuales, para el conjunto de la población, en las condiciones actuales se llegaría algo parecido al gráfico 1 (A); si se considera un determinado umbral de pobreza y se distribuye como complemento a todas las rentas actuales como RB, tal y como propone el modelo fuerte, a partir del anterior llegaríamos al gráfico 1 (B). Es evidente que el modelo con RB es más justo, en el sentido de que absolutamente ninguna persona estará por debajo del umbral de pobreza, pero en términos de igualdad-desigualdad es idéntico al anterior, y en cuanto a la solidaridad y participación el hecho de añadir la RB a la renta que se poseía no modifica absolutamente nada. Desde esta perspectiva el modelo RB fuerte apenas cumple con las expectativas para la izquierda de las que se hablaba.
Sin embargo, cualquier otro modelo de los denostados como “débiles”, “falsificaciones” o incluso “limosnas” por los defensores de modelo fuerte se comportan mejor. Por dar un ejemplo concreto, si se supone que se mantiene la cantidad total de RB asignada en el modelo fuerte, gráfico 1 (B), en donde sería el área de la zona rayada, y se asigna, hasta donde se llegue, a las rentas más bajas, se obtendría la distribución indicada en el gráfico 1 (C), en donde el área de la zona rayada sería, por lo tanto, idéntica a la anterior. Parece evidente que ésta última es una distribución más justa que las anteriores, que ambas, pero también que es menos desigual, tanto por la diferencia entre la renta más alta y la más baja como por la forma de la curva de distribución ; en cuanto a la solidaridad ha habido una cesión de renta desde las más alta a las más bajas, luego también es más solidaria, y eso sin detenerse en averiguar de donde han procedido los fondos para financiar los modelos que resultan en los gráficos 1 (B) y (C).
JIF. No entro a discutir el sistema de estimación del autor; el verá que validez tiene esta forma subjetiva de valoración. Ahora bien, de acuerdo con la metodología que presento en mis cálculos (sencilla aritmética de mi abuela, que contaba con los dedos), es obvio que el modelo fuerte es un avance, no sólo sobre los modelos débiles, sino también sobre la mayoría de las prestaciones actuales; un avance que se cualifica y se cuantifica en términos de cantidades a percibir y en el número de ciudadanos a beneficiarse del mismo. Esta aserción no solamente puede verificarse en mis trabajos ya publicados, sino también en el de próxima aparición: Las rentas básicas del siglo XXI.
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DL. Planteadas así las cosas, que muestran por mi parte un rechazo a las propuestas de RB en ese modelo fuerte, me gustaría entrar ahora en algunos puntos concretos relativos a determinadas características del modelo de RB que se está tomando como referencia para estos comentarios.
DL. 1. Comenzaré con las dudas que plantea el principio de universalidad. Lo primero que debería quedar claro, ya que a veces no lo está en los documentos y propuestas, es la cuestión de los límites de edad, por arriba y por abajo, para la asignación de RB, que si verdaderamente se pretende universal e incondicional no deberían existir, ya que si no implicarían una serie de desigualdades adicionales (p. ej. si no entrasen los menores una madre soltera con dos hijos recibiría la mitad de renta que un matrimonio sin hijos) y además obligarían a una justificación de las edades de corte.
JIF.En el Anexo, incluyo el modelo fuerte de RB donde puede apreciarse la respuesta a esta cuestión: Volver a recomendarle que se pare a leer el modelo fuerte donde la característica universalidad indica que son todos los ciudadanos sin distinción de edad, color, género, actividad laboral, ingresos, etc., los que tiene el derecho a percibir la RB; y la característica de equidad establece que cada ciudadano cobrará la misma cantidad, independientemente de la edad, color, género, actividad laboral, ingresos, etc. Son afirmaciones como estas (o dudas según dice) las que me plantean si DL se ha tomado la molestia de leer alguno de mis trabajos.
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DL.Dando un paso más, cuando se dice que la RB ha de ser universal, hay que ir más allá de la cuestión de las edades y se deben especificar todos los aspectos del universo que se pretende contemplar. ¿Se limita este a los individuos con carta de ciudadanía plena?, ¿incluye a los que podrían definirse como “extranjeros residentes”, generalmente con carta de ciudadanía limitada?, ¿o bien incluye a todos los residentes, incluidos los mal llamados “ilegales” o “sin papeles”? Esta cuestión es, desde luego, clave para enfocar cualquier sistema dentro del llamado “estado del bienestar”, no sólo el de RB; y adquiere magnitudes dramáticas en la situación actual de flujos migratorios, magnitudes que pueden llegar a ser explosivas.(5)
JIF.Le recomiendo que lea mi trabajo sobre la RB y la inmigración.[8] DL debiera darnos un margen de confianza y pensar que también nosotros tenemos capacidad para hacernos estas preguntas y, aunque la RB no es una panacea que tiene que resolverlo todo, como tampoco lo resuelve el sistema actual de bienestar, y por eso no lo tiramos a la basura, sí que intentamos considerar cuales son las posibles soluciones que tendría la RB ante estos casos, así como sus posibles limitaciones. A veces tengo la tentación de recordarle a DL que muchas de las cuestiones que nos plantea como nuevas, no sólo a mi, sino a todos los que defendemos la RB, ya hace años que las hemos considerado, y que podríamos caer en la mala educación de responderle que estaría mejor que se dedicase a algo más provechoso que continuar insistiendo en el redescubrimiento de la sopa de ajo. Llevamos años en el tema, y algo hemos aprendido, tanto en las posibilidades como en las limitaciones. O tiene alguna objeción original que hacernos, o quizás estaría mejor callado. Recuerdo como mi abuela me decía: “la prudencia, mi nieto, la prudencia… ¡que virtud tan desperdiciada!”.
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DL. 2. En cuanto al planteamiento de cuantificar la RB como equivalente al umbral de pobreza es evidente que debería fijarse ese umbral (algunas veces se ha hecho), o los parámetros para fijarlo, y especificar quien lo define y las vías para consensuarlo; además, puesto que ese umbral no es inamovible, es variable en el tiempo, debe fijarse también el sistema de revisiones y, de nuevo, las vías para consensuarlo. En este punto, y a la hora de hacer propuestas, conviene no olvidar los ríos de tinta, y de demagogia barata, que corrieron, hace ya quince años, con la definición de pobre, de pobreza y sus cuantificaciones (el famoso dato de los 8 millones de pobres). Aquí se llega directamente a la necesidad de resolver el problema del poder político, la forma de conseguirlo y establecerlo, puesto que es desde ese poder político como pueden garantizarse los sistemas de fijación, los sistemas de seguimiento y los sistemas de participación en la fijación y seguimiento de los umbrales de pobreza.
JIF. Remito al lector a que consulte mis trabajos, aspectos todos ellos explicados un sin fin de veces.
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DL. 3. En cuanto a la característica de la RB de incondicionalidad y sin contraprestación, es probablemente la que más reticencias plantea. En el primer caso, por perpetuar una situación de desigualdades escandalosas sobre las que, en teoría, no se actúa. Esto ha llevado a la propuesta reformista de que la RB fuerte se vaya aplicando de modo gradual, empezando por los excluidos y los más desfavorecidos, lo cual lleva a la más absoluta contradicción en los términos.(6)
JIF.Hay que cambiar de un modelo de bienestar basado en el trabajador a otro basado en la ciudadanía. Entiendo que esta sea una filosofía difícil de digerir para los que nos condenan al empleo asalariado y productivista del capitalismo. Asimismo, no estaría demás que se diesen cuenta que el capitalismo del siglo pasado no es el mismo que el del nuevo milenio. Hay que abandonar enfoques inútiles, por agotados.
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DL. 4. En cuanto a la independencia de cualquier renta debe quedar claro que, en los desarrollos que se hacen las únicas rentas que no se modifican son las salariales y las del capital, y que todas las demás, sobre todo los subsidios y prestaciones que reciben los trabajadores y desfavorecidos desaparecen y son subsumidas en la RB. Este planteamiento olvida algo que es fundamental, la mayoría de las prestaciones recibidas por los trabajadores fuera del salario puro y duro no son prestaciones y subsidios concedidos por el estado, y mucho menos por los gobiernos, son salario diferido como contraprestación laboral, y aquí entra la prestación por desempleo, los salarios de tramitación, las pensiones de jubilación, por poner un ejemplo y su eliminación es lisa y llanamente un despojo inadmisible. Si se pasa de la caracterización de la sociedad como suma de individuos (el ultra individualismo de van Parijs y seguidores) [9] a la caracterización de la misma como campo para la actuación de las clases sociales y sus relaciones, el despojo no es a una serie de personas individuales de sus derechos personales, sino a una clase como conjunto, y por lo tanto, a las prestaciones ya indicadas habría que incluir otras, como la ayuda a la familia, los subsidios de inserción, muchas de las becas y otras.
JIF.Esto es obvio. En mi próximo trabajo demuestro que lo que se le quita a una persona como trabajadora se le da tres veces más como ciudadana. Un trabajador es una relación social creada por el capitalismo, así como el siervo lo era por los señores o los esclavos por los amos. Los de la RB modelo fuerte estamos pensamos en una sociedad donde la persona no es una relación social de producción, que toma su condición de clase de acuerdo con el sistema productivo, sino un ser que a lo largo del día ha de poder desarrollar lo que F. Engels califica como actividades creativas.
El tema del salario diferido necesita una atención que aquí no hay espacio para darle. Esto no quita para hacer un par de puntualizaciones. Por un lado, hay que recordar que más de un 66% de la población no pasa por el mercado de trabajo; esto quiere decir que estas personas jamás perciben un salario en forma de prestaciones sociales, no tienen derechos laborales; y privarles de la RB sería castigarlas dos veces sin derechos. Si hacemos que la cantidad de la RB sea una suma superior al salario diferido como se propone en el modelo fuerte, incluso las personas con empleo saldrían beneficiadas. Por otro lado, hay que recordar que alrededor de un 8% de las personas ocupadas son directores, altos técnicos, científicos, académicos, etc.; nos encontramos que entre la gente del salario diferido que estamos defendiendo se encuentra esta elite; un dato para la reflexión: el presidente del BBVA lleva acumulado un fondo de pensiones de 29 millones de euros, el segundo de este banco, otros 24 millones de euros, y el resto de los consejeros en su conjunto casi 2 millones de euros. Pensemos en las cantidades que acumulan este 8% de privilegiados. Por tanto, claro que hay que defender las prestaciones sociales, pero no enfrentarlas a los derechos ciudadanos.
De todas formas, en el Cuadro 2, podemos comprobar:
  • A nivel de sustentador asalariado, como la RB que ingresa, pongamos que sea el marido, 84.000 pesetas, es más que el salario diferido que pierde: 64.204 pesetas al mes.
  • Y como familia, su hijo/a y, pongamos su mujer, pasan a cobrar la RB y no pierden el salario diferido. El ingreso de la familia pasa de 84.000 pesetas a 240.000 mensuales!!!
  • Tampoco hay que olvidar que, además, han aportado 24.000 pesetas mensuales como familia (8.000 como individuos) para las inversiones en bienes públicos, que ellos u otros ciudadanos percibirán en forma de servicios públicos.
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DL. Independientemente de los profundos desacuerdos con la propuesta de modelo fuerte de RB Lo que sí es cierto es que esta plantea una serie de cuestiones, algunas ya avanzadas en torno a dos interrogantes básicos: ¿Por qué una renta monetaria, o básicamente monetaria? (7) ¿Es posible la aplicación en un horizonte temporal? (8)
DL. En cuanto al primer interrogante, creo que podría tomarse en consideración si se debería entregar una cantidad de dinero a cada individuo, o se debería poner libremente a disposición del conjunto de la sociedad toda una serie de bienes y servicios equivalentes (desde el punto de vista monetario); pienso, p. ej. en los medicamentos genéricos, en la gratuidad del transporte público, junto con una garantía de sanidad, educación y vivienda mínimamente aceptables (lo que en algunos casos implicaría medidas discriminatorias para aquellos que tienen solucionado el problema, por ejemplo en la vivienda), en los alimentos y la ropa básica. Es decir, junto con la existencia de inversiones colectivas para cubrir una parte de la RB, lo cual, por cierto, rompe con las perspectivas individualistas y de solución de los problemas, considerados como individuales, vía mercado que proponen los fundamentalistas de la RB, la propia RB asignada individualmente no tendría por qué ser necesariamente monetaria, sino disponible en términos de gratuidad.
En cuanto al segundo, creo que en cuanto se desciende del limbo de los justos (la teoría pura) para enfocar una aplicación práctica, la implantación temporal se impone por sí misma, la cuestión en el cuándo, cuánto y cómo, y desde luego, si eso es así, desmontar las propuestas de RB de las descalificaciones, algunas insultantes, a otros modelos.
JIF.Remito al lector a que consulte mis trabajos, aspectos todos ellos explicados un sin fin de veces. De todas formas, la implantación de una propuesta de la envergadura de la RB, que incluye el reparto del 50% del PIB, reclama que política y económicamente incluya algún tipo de gradualismo. Políticamente, porque hay que persuadir a la población de las ventajas de conseguir este derecho ciudadano; incluso hay que convencer a gentes que se consideran de izquierdas como el propio DL. Económicamente, por las modificaciones que supone en los modelos de ahorro, inversión, consumo, y financiación, variables que modifican el modelo de crecimiento y la lógica de acumulación del sistema capitalista. A pesar de la buena voluntad del presidente de Brasil, Inazio Lula, que acaba de aprobar para todos los ciudadanos de este país la Ley de Renta Básica de la Ciudadanía, tiene que incluir la consideración de un cierto período de tiempo, de un gradualismo para llevarla a cabo. De momento, comenzará por aplicarla a partir del 2005, de acuerdo con las posibilidades del presupuesto estatal, y empezando por el colectivo de personas más pobres.[10] Al segundo párrafo de DL, recordarle que siempre añadimos argumentos explicando porque los modelos débiles son modelos de caridad. Si a él le molesta que las prestaciones sociales y los modelos que defiende son caritativos (pública o privada), no es mi problema; lo que no es honesto es que diga que los descalifico. Si acaso se descalifican a sí mismos por su contenido limosnero.
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DL. A partir de lo anteriormente expuesto, más que nada una serie de dudas, peticiones de aclaración, interrogantes surgidos y demarcación de puntos de discrepancia, la cuestión que surge, y con la que quisiera acabar, es como siempre ¿qué hacer? Desde luego, la propuesta de RB se enfrenta a un problema real que hay que resolver. Quizás la combinación de medidas de fortalecimiento del sistema productivo en términos de sostenibilidad ecológica, de fortalecimiento del sistema de derechos laborales y ciudadanos, de fortalecimiento del llamado estado del bienestar, en equipamientos e instituciones de uso y disfrute colectivo, junto con el establecimientos de rentas individuales y/o familiares (en términos monetarios y de bienes y servicios) para paliar las desigualdades e injusticias (por ejemplo, a partir de algo parecido al Euro-Stipendium de carácter progresivo propuesto Schmitter y Bauer,(9) combinadas con los resultados de experiencias parciales, pero no exentas de interés, en nuestro país (Cataluña, Andalucía, País Vasco) podría sentar las bases de una solución.
JIF.Esta es una visión sindicalista que respeto pero no comparto. Con estas medidas llevamos ya dos siglos y así nos luce el pelo. ¿Qué hacer?, se pregunta DL. Quizás recordarle y sugerirle lo que opina Jordi Sevilla, ilustre socialdemócrata del PSOE, quien reclama de su partido políticas que vayan más allá “del laborismo británico [11] o de la socialdemocracia alemana”. Viene a decir, recomponiendo su propia frase, que no podemos continuar proponiendo “lo que era progresista en el siglo XX, como si fuesen reivindicaciones de izquierda para el siglo XXI”.[12] ¿Qué hacer?, se pregunta DL. Yo casi le recomendaría la lectura de la tipología de las alternativas que esbozo en “¿Una alternativa transformadora? La RB”,[13] Cuadernos renta básica nº 5, Barcelona, nov. del 2003, pero me temo que no vale la pena si le va a dedicar tanto tiempo como a las lecturas anteriores, que las menciona casi todas, pero que deduzco por las objeciones que hace, que poco tiempo le ha dedicado a cada una.[14]
Comentario final
     Me gustaría que el lector le dedicase unos minutos a la reflexión que nos propone Manuel Azaña: El vulgo, falto de imaginación, … atribuye al pretérito la autoridad fundada en la sabiduría, olvidando que entre hacer las cosas y saber como se hicieron, el sabio es quien las aprende y no quien las hizo.[15]
 
 
Daniel Lacalle escribió este artículo en Madrid, en noviembre del 2002 / José Iglesias Fernández le responde desde Barcelona, en marzo del 2004
 
Notas del artículo de Daniel Lacalle (números entre paréntesis)
1. J. Iglesias Fernández. En “Cuadernos de Renta Básica” nº 0 (FIM, Madrid, 1998). En las últimas exposiciones de J. Iglesias estas características se mantienen, pero la de RB a percibir “se divide en dos partes, una parte (de carácter monetario, DL) la percibirán directamente las personas y la otra se dedicará a las inversiones de carácter colectivo (sanidad, educación, vivienda, transporte, medio ambiente, etc.)”; además se especifica el que la RB “sustituya a casi todas las demás prestaciones económicas en vigor (pensiones, subsidios, subvenciones, ayudas, etc.)” (ver, J. Iglesias, “ !Cuidado con las falsificaciones! el modelo fuerte de Renta Básica”, ponencia a las VII Jornadas de Economía Crítica, Valladolid, 2002, pág. 7 y “Las rentas básicas. El modelo fuerte de implantación territorial”, El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2003, pág. 45. Ni las proporciones de esa división en dos partes ni el contenido de “casi todas” cuales sí, cuales no) está aclarado.
2. Esto puede comprobarse revisando la bibliografía en la nota bibliográfica incluida en esta ponencia.
3. Ver, sin ir más lejos, J. Iglesias, “Las rentas básicas” (op. cit. en nota 1).También, como un claro ejemplo de lo que aquí se dice, la propuesta y los estudios de implantación de RB en Andalucía por parte de los propagandistas del modelo fuerte se está haciendo a partir de las cantidades anteriormente asignadas al PER.
 
Nota aclaratoria de los ‘propagandistas’: En el 2001, el subsidio agrario en Andalucía era de 56.305 pesetas al mes (338 euros) o, para quien cobrase los seis meses estipulados, de 337.830 pesetas (2.030 euros). Nuestra propuesta de sustituir el subsidio agrario por la RB dice que hay que dar a cada trabajador eventual agrario la cantidad de 67.919 pesetas al mes (408 euros), que en términos anuales serían de 815.032 (4.898 euros); como vemos, la cuantía de la RB es más del doble del subsidio agrario, pues se da la circunstancia que, con la RB, el trabajador cobraría todo el año, es decir, cada uno de los doce meses.Vivir dignamente: del subsidio agrario a una renta sin peonadas. Equipo Baladre.Próxima publicación.
Advertimos al lector que la mayoría de las afirmaciones que aparecen en las notas contienen estos mismos errores (o prejuicios) de bulto. 
 
4. J. Riechmann y A. Recio. “Quien parte y reparte... El debate sobre la reducción del tiempo de trabajo” (Icaria. Más Madera, Barcelona, 2ª edición 1999), pág. 93. Desde luego que el tema de la reducción de jornada y el complementario del reparto de trabajo también debe ser críticamente analizado, en líneas generales estoy de acuerdo con las posturas adoptadas por Riechmann y Recio sobre el mismo.
5. Todo ello se complica cuando se enfocan propuestas de RB no solo a nivel de Estado, o de supraestado, por ejemplo la UE, o la UE en proceso de ampliación, sino, a nivel de Comunidad Autónoma, en el caso del estado español. Por otro lado, y llevando este tipo de argumentación a sus últimas consecuencias, al considerar el mundo globalizado, si en este cualquier sistema de protección social y laboral conlleva directa o indirectamente el cierre de fronteras, con el consiguiente aumento del estado policial, y la externalización y deslocalización productiva hacia fuera de esas fronteras, lo mismo, al menos, ocurriría con la RB.
6. Para el caso de Cataluña, José Iglesias ha propuesto un periodo de implantación de 20 años en cuatro fases y por tramos de población, aproximadamente del 28%, 23%, 26% y 23% respectivamente, abandonando, sin explicaciones, los principios de universalidad sin excepciones, incondicionalidad e independencia de otras rentas (ver, J. Iglesias, “Las rentas básicas” op. cit. en nota 1, pp. 117 ss.)
 
7. Como se ha indicado en la nota 1, J. Iglesias ha planteado claramente la división de la renta básica en dos partes, monetaria y no monetaria, la segunda dedicada a inversiones de carácter colectivo, pero en ningún momento a servicios y consumo personal.
8. J. Iglesias ha planteado en su propuesta para Cataluña un horizonte de implantación temporal, pero incompatible en el periodo de transición con algunas de las características básicas de su propia definición de modelo fuerte de RB (ver nota 6).
9. Phillippe C. Schmitter y Michael W. Bauer, “Una propuesta para expandir la ciudadanía social en la UE y al mismo tiempo ampliarla hacia el este” en J. De Andrés, P. Chaves y F. Luengo (editores), “La ampliación de la Unión Europea. Economía, política y geoestrategia” (El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2002).
 
NOTA BIBLIOGRAFICA SOBRE EL TEMA DE RENTA BASICA
 
I. Libros y monográficos de Revistas 
1988.- Zona Abierta nº 46-47.-“Un salario social mínimo (garantizado) para todos”.
1989.- J. García Nieto Y E. Rojo.- “Renta mínima y salario ciudadano”. Cristianisme y Justicia, nº 30.
1990.- Documentación Social nº 78.- “Renta mínima y salario ciudadano”.
1991.- F.J. Martínez (coord.).- “Una vía capitalista al comunismo. El salario garantizado”. FIM.
1996.- Papeles de la FIM nº 7.- “El ingreso universal”.
1997.- J. Iglesias.- “Otro punto de vista sobre la renta básica”. Hika, nº 85.
1998.- J. Iglesias.- “El derecho ciudadano a la renta básica”. Libros de la Catarata.
1999.- Cuadernos Renta Básica nº 0 (FIM)
1999.- J. Riechmann y A. Recio.- “Quien parte y reparte...” Icaria.
1999.- J. Iglesias y otros.- “Viaje al corazón de la bestia”. Virus.
1999.- Cuadernos Renta Básica nº 1. FIM.
1999.- D. Raventós.- “El derecho a la existencia. La propuesta de subsidio universal garantizado”. Ariel.
2000.- Cuadernos Renta Básica nº 2. FIM.
2000.- J. Iglesias (coord.).-“Ante la falta de derechos, renta básica ya”. Virus.
2001.- Cuadernos Renta Básica nº 3. FIM.
2001.- J. Iglesias y otros.- “Todo sobre la renta básica”. Virus.
2002.- J. Iglesias.- “!Cuidado con las falsificaciones ! El modelo fuerte de Renta Básica”. VIII Jornadas de Economía Crítica.
2002.- Cuadernos de Renta Básica nº 4. FIM.
2003.- J. Iglesias.- “Las rentas básicas. El modelo fuerte de implantación territorial”. FIM.
2003.- R. Pinto.- “Los fundamentos de la Renta Básica y la perestroika del capitalismo”. Entinema.
 
II. Artículos en Revistas
Mientras Tanto nº 26, 61, 64, 66, 67, 72 (1986 a 1998).
Nuestra Bandera/Utopías nº 160/161 y 167 (1994 y 1996).
Documentación Social nº 96.
Sistema nº 126 y 154 (1995 y 2000).

 

[1] El lector no familiarizado con el modelo fuerte de RB puede consultarlo en la página 40.
[2] Además, no me parece que la intención de Daniel Lacalle sea reflexionar sobre mi trabajo, como no sea para descalificarlo. Pero, hasta para esto se necesita oficio, gusto, chispa, talento, imaginación. Y un poco de genio, en ese sentido tan generoso que remarca Azaña.
[3] Mis comentarios se centrarán preferentemente en las líneas que destaque con cursiva dentro de los párrafos del artículo de Daniel Lacalle.
[4] Aprovecho para decirle a Paul Sweezy que no lo olvidamos. Su muerte no impide que siga en nuestros corazones y en nuestras mentes, a las que ha ilustrado con su sabiduría.
[5] Carlos Marx. Crítica del Programa de Gotha. p. 24. Aguilera. Madrid 1971.
[6] Otra vez aparece la p

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