Subida al Tindaya
Lembranzas

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Todo fue así de sencillo

En la subida a la montaña Tindaya hay dos personas que me motivaron a realizar esta dura, pero inolvidable ascensión: Jesús Giráldez Macía y Ana Cano, dos amigos de esas queridas tierras canarias, cuya amistad quedará siempre enmarcada con el Tindaya como testigo de nuestro afecto.

 Desde un principio, ya me llamó la atención la defensa entusiástica por preservar el Tindaya querealizaba Jesús Giráldez Macía, en esa dura lucha que llevaba contra el proyecto destructor y la avaricia monetaria de toda la familia Chillida, un invento que pretendía, y pretende, destrozar el majestuoso e impresionante entorno natural que rodea al propio monte. Dejando de lado el narcisismo y el dinero, mucho dinero involucrado en el proyecto destructivo, ¡a uno le cuesta entender que alguien que se considera un artista no tenga la sensibilidad como para respetar esa maravilla de la naturaleza llamada Tindaya!
El proyecto de Eduardo Chillida puedo (y debemos) considerarlo de monstruoso por ese destrozo de la naturaleza y por la enorme especulación que ha desencadenado en las empresas, en los profesionales, majoreros y plataformas, como la de Apoyo al Proyecto de Chillida, así como la de los políticos canarios de las diversas administraciones (municipal y cabildo), todos interesados en participar de los enormes beneficios que generaría tal aberración anti-ecológica y contra natura. Es vergonzoso y canallesco el comportamiento de esta gente.

 Otra persona que estaba mentalmente presente en la subida al Tindaya esa tarde, amenazada por negros nubarrones, era Ana Cano, porque “habíamos quedado que tendríamos que darnos la caminata a esa maravillosa montaña”. La conocí en la universidad apoyando un curso sobre nuevas formas de trabajo social, comprometida desde esa profesión/vocación que se dedica a buscar soluciones al desamparo que sufren las personas empobrecidas, pero que, últimamente, fue ‘distraída/sustraída por funciones administrativas. Estaba presente en la subida porque, en un viaje anterior, habíamos proyectado esta ascensión conjuntamente con Jesús. Era una manera de responder a la sugestión que ejerce la montaña sobre todas las personas que nos acercamos a este paraje, pero también de solidarizarnos con la lucha de Jesús contra el destrozo de la naturaleza y la avaricia de todos los personajes mencionados, incluyendo al pretendido artista y sus herederos.

Escribo estas líneas como recuerdo de la consolidación de una gran amistad entre nosotros, pero también como testimonio de mi paso por esa montaña, a la que Jesús no duda algunas veces de considerarla sagrada. Pero sagrada o no, la montaña merece respeto, y esto es lo que busca Jesús con su lucha, y cuya defensa de este entorno natural nos ha unido a los tres en una gran amistad, y que no deja de ser otro de los afectos más naturales en la relación entre humanos.

José Iglesias Fernández
Barcelona, febrero del 2010.

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